Sus Obras de sus Excelencia Despierta la Envidia

Eclesiastés 4:4 dice: “He visto asimismo que todo trabajo y toda excelencia de obras despierta la envidia del hombre contra su prójimo. . . “El autor, el rey Salomón, lo había experimentado y nos alerta y informa el origen de la envidia del ser humano.
El ser humano nunca tiene envidia cuando su prójimo anda mal. A lo contrario, la envidia nace cuando su prójimo está siendo bendecido.

¿Qué haremos cuando somos bendecidos, o que haremos cuando tenemos envidia de nuestro prójimo cuando Dios lo está bendiciendo? El que está siendo bendecido por Dios, dele las gracias al Señor por eso. Pero el que tiene envidia que su prójimo está prosperando, es mejor que se arrepienta y pídale perdón a su prójimo por pecar delante de Dios.

La envidia es un pecado que muchas veces es difícil detectar. Jesús pudo detectar este pecado de los escribas y fariseos. Los escribas y fariseos se concentraban andar en santidad con Dios externamente, mientras interiormente decían lo contrario: “¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque sois semejantes a sepulcros blanqueados, que por fuera, a la verdad, se muestran hermosos, mas por dentro están llenos de huesos de muertos y de toda inmundicia“(Mateo 23:27). Jesús descubrió las intenciones del corazón de los escribas y fariseos y les dijo a sus discípulos que no lo practicaran: “Así que, todo lo que os digan que guardéis, guardadlo y hacedlo; mas no hagáis conforme a sus obras, porque dicen, y no hacen” (Mateo 23:3).

Hagamos la prueba: Cuando decimos, “Dios le bendiga”, estamos siendo sinceros que queremos que nuestro hermano sea bendecido por Dios. ¿Si después lo vemos con un carro del año y compró una casa nueva, nos alegramos cuando lo vemos prosperando? ¿Queremos en realidad que nuestro hermano sea bendecido por Dios? ¡Qué difícil es gozarnos con los que se gozan! (Romanos 12:15). Es tiempo que nos arrepintamos de nuestro pecado y estar contentos que nuestro hermano sea bendecido y más bendecido. Entonces así podemos libremente y con sinceridad decir con todo nuestro corazón a nuestro hermano, “¡Dios le bendiga!”.

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